Tecnologías emergentes y colaboración científica europea

, de Alonso Campos

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Tecnologías emergentes y colaboración científica europea
El experimento ATLAS en el CERN Foto: CERN (CC BY 4.0)

Al final de la Segunda Guerra Mundial en 1945, Europa estaba en ruinas. Una de las incontables víctimas de la guerra y sus años precedentes fue la ciencia europea. Antes de la guerra, Europa era el hogar de la mayoría de las más brillantes mentes científicas, pero sus efectos y el régimen de Hitler en Alemania pusieron fin a ello. Muchos científicos de origen hebreo (como Albert Einstein, entre muchos otros) tuvieron que huir a los Estados Unidos para evitar la persecución política, de la misma maneras que muchos otros tuvieron que exiliarse por oponerse a la ocupación Nazi de otros países. Cuando el polvo se aclaró, muchos más científicos habían emigrado a América, ya que las condiciones materiales para la ciencia en Europa eran casi inexistentes en medio de la reconstrucción del continente.

Esta “fuga de cerebros” amenazaba con hacer retroceder la ciencia europea varias décadas. Para frenar esta situación, particularmente aguda en el campo de la física nuclear (donde las nuevas superpotencias americana y soviética eran los más interesados en hacerse con los expertos europeos), varios países se unieron para crear el Consejo Europeo para la Investigación Nuclear, el ahora globalmente famoso CERN. Esta institución no sólo salvó a la física nuclear y de partículas europea de la irrelevancia, sino que situó a Europa en el liderazgo mundial de esos campos.

Hoy, Europa se enfrenta a un problema muy similar al de los años de la posguerra: la ciencia europea se está quedando atrás en campos y tecnologías clave como la investigación en IA y la edición genética (CRISPR). Esto se debe principalmente a una falta de capital de riesgo que impulse start-ups comparado con EEUU, el alza de China como una potencia mundial de I+D, y la falta de competitividad de los salarios y condiciones en puestos académicos comparados con la empresa privada. Estos factores combinados llevan a que muchos jóvenes científicos europeos emigren (principalmente a EEUU) para buscar mejores oportunidades y salarios, con el resultado de que Europa se empieza a descolgar de la carrera de la investigación en estos campos.

La UE debe seguir el espíritu del CERN

Si bien las alarmas empiezan a activarse en círculos tanto académicos como políticos y se empiezan a planificar soluciones, mucho más debe hacerse para solucionar este problema. El impacto que estas tecnologías podrían tener sobre la sociedad es inmenso, tanto en términos económicos como morales. Mientras que la situación no es (todavía) tan crítica como lo era en los cincuenta cuando el CERN fue creado, se necesitan acciones igual de decisivas y valientes en las mismas líneas para frenar esta fuga de cerebros. Por lo tanto, la Unión Europea debería actuar para crear instituciones, con los mismos esquemas y espíritu que el CERN, para proteger y fomentar la ciencia europea en aquellos campos que probablemente serán claves en el futuro: inteligencia artificial, edición genética, información y computación cuántica, etc.

Estos nuevos nodos de investigación deberían actuar de la misma manera que lo hace el CERN, uniendo y coordinando a los científicos europeos en su investigación. Al igual que el CERN, estos centros deberían disponer de equipos de científicos en el centro, pero trabajar principalmente por medio de colaboraciones con científicos “miembros” de universidades y centros de investigación de toda la UE facilitando el contacto laboral. Al igual que en el modelo del CERN, estarían abiertos a la colaboración de países que no sean miembros de la UE, con diferentes modos de membresía y asociación.

Pero a diferencia del CERN, estas instituciones trabajarían codo con codo con el sector empresarial e instituciones públicas para garantizar la transferencia tecnológica y la innovación para nuestras empresas y gobiernos. También deberían actuar como puntos de concentración de capital tanto público como privado, para estimular la creación de start-ups de tecnología y ciencia a su alrededor y fomentar el gasto en I+D en compañías establecidas, proporcionando un ambiente que impulse la innovación y el avance tecnológico.

Fortalecer la cohesión e influencia global de Europa

El liderazgo en estos campos es vital para Europa no sólo por su valor económico, sino porque plantean problemas éticos y morales importantes (“bebés de diseño”, uso de IA por gobiernos, etc.) que no pueden ser ignorados. De la misma manera que sucedió con las armas nucleares y el Tratado de No Proliferación (donde sólo el compromiso de las potencias nucleares llevó a su firma), los europeos necesitamos un sitio en la mesa si queremos imponer nuestras reglas, valores, y estándares en el resto del mundo.

Si Europa se queda atrás en esta carrera tecnológica, pronto podríamos encontrarnos en un mundo donde no sólo son China y EEUU quienes tienen la ventaja en esos campos, sino quienes definen los “bienes” y “males” de sus usos. Al igual que con el RGPD, Europa puede (y debe) marcar las reglas globales para asegurar un uso justo, democrático y ético de estas tecnologías, pero para hacer eso debemos estar en una posición que nos dé el peso necesario.

Adicionalmente, la creación de estas nuevas instituciones científicas podría ser una buena oportunidad para mejorar la cohesión interna de la UE. Las instituciones europeas, sobre todo las científicas, están agrupadas alrededor de Europa occidental. El CERN se encuentra en Ginebra (Suiza), mientras que las principales instalaciones de la Agencia Espacial Europea se encuentran repartidas enter los miembros originales de la CEE más España y el Reino Unido.

La creación de nuevas iniciativas científicas integradas en la UE como estas podría, por lo tanto, ser una excelente ocasión para extender la colaboración científica europea por el resto del continente, específicamente a Europa del sur y oriental. Esto no sólo mejoraría la cohesión territorial y la convergencia económica, sino que podría aprovechar las fortalezas locales. Estonia, por ejemplo, es famosa por su iniciativa de gobierno digital e-Estonia, y alberga el Centro de Excelencia de Cíber-Defensa de la OTAN: sería una ubicación ideal para un gran centro europeo centrado en la inteligencia artificial o lo ciberseguridad.

Por todos estos motivos, a medida que la carrera tecnológica entre las principales potencias mundiales se recrudece, la UE no debe dudar en lanzar muy necesarias inicitivas para proteger y revitalizar nuestro liderazgo en estos campos estratégicos. Con la nueva legislatura europea empezando, y con el próximo Marco Financiero Plurianual a punto de firmarse, es un momento clave para que la industria, los académicos y los legisladores europeos se unan y hagan funcionar una solución. Tanto nuestra prosperidad futura como nuestros valores podrían estar en juego.

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