Prueba de solidaridad para la Unión Europea

Tarjeta roja para Alemania y los Países Bajos por su rechazo a la solidaridad frente al coronavirus

, de Traducido por Pol Aixàs Martínez, Antoine Potor

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Prueba de solidaridad para la Unión Europea
El primer ministro neerlandés Mark Rutte. Fuente: Flickr (Parlamento Europeo)

Tras la celebración de la cumbre del 26 de marzo, sacamos tarjeta roja a los Países Bajos y Alemania, cuyo rechazo a la solidaridad frente al coronavirus puede conllevar graves consecuencias para el futuro de la Unión.

«Es repugnante, insensato, totalmente inaceptable. Esta mezquindad recurrente representa una amenaza para el futuro de la Unión Europea» proclama el primer ministro portugués, Antonio Costa, refiriéndose explícitamente al rechazo neerlandés a la instauración de los «coronabonos». A pesar de haber hecho volar cerrojos presupuestarios por los aires, dicha negación cuenta con el apoyo de Alemania, que, según el ministro alemán de economía, Peter Altmaier, apunta a la reanudación «de la política de austeridad cuando la crisis haya terminado y también de la política de equilibrio presupuestario tan pronto como sea posible.»

En la reunión por videoconferencia del Consejo europeo del pasado 26 de marzo, los Estados miembros más propensos a saltarse los dogmas económicos y presupuestarios que regulan la Unión Europea se lanzaron contra el muro del egoísmo, defendido por los Países Bajos y Alemania.

De hecho, se trata de dos visiones opuestas de la Unión Europea. Por un lado, la de los simpatizantes de los coronabonos y de la oportunidad que esta crisis ofrece para incrementar la solidaridad económica de la Unión Europea; son los «nuevos», que esta semana lanzaron un llamamiento para que «la Europa de mañana esté a la altura de las aspiraciones del pasado.» Por otro lado, la visión de los «austeros», con Mark Rutte y Angela Merkels en cabeza, que son más o menos los mismos que bloquearon el presupuesto europeo el pasado mes de febrero y que parece que solo consideran a la Unión Europea como un simple conjunto de reglas económicas y presupuestarias.

Esta batalla política también determina la elección entre los dos tipos de solidaridad en juego.

El mecanismo de los «coronabonos»

En efecto, la llegada de estas circunstancias esconde la puesta en marcha de un instrumento de mutualización de deudas entre los países de la eurozona. La idea de la mutualización ya se puso encima de la mesa después de la crisis financiera del 2008 y también después de la que afectó a la eurozona a partir del 2010. Para financiarse, los estados emiten bonos cuyo tipo de interés (es decir, el precio de su préstamo) varía según su capacidad de reembolso, evaluada por las famosas agencias de calificación crediticia. Así pues, el tipo de interés es mayor o menor en función del endeudamiento del estado. Por tanto, la instauración de bonos comunes permitiría equilibrar las diferentes capacidades de préstamo y mutualizar los riesgos que se deriven de estos.

Estados como los Países Bajos y Alemania, que defienden la ortodoxia presupuestaria, rechazan rotundamente esta idea y se niegan a pagar por lo que consideran laxismo presupuestario.

El MEDE, herramienta de los ortodoxos

El Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), dirigido por un alemán (Klaus Regling) y que entró en funcionamiento a partir del 2012, es la solución que se ha puesto sobre la mesa. Constituida de fondos europeos de hasta 700 mil millones de euros, esta organización internacional existe para impedir que un país caiga en un espiral de endeudamiento asegurándole préstamos con tipos de interés bajos. En contrapartida, se exige que el estado beneficiario lleve a cabo reformas dictaminadas por el MEDE.

La solidaridad del MEDE radica en la posibilidad de tomar un préstamo de un bote común financiado por los propios Estados miembros, que se aseguran al mismo tiempo de no verse arrastrados hacia un espiral de endeudamiento creado por el país en dificultades. En definitiva, se trata de una iniciativa de solidaridad común.

¿Una oportunidad en forma de crisis?

Tal y como lo subraya Jean Quatremer, el día de mañana esta crisis será «sobre todo política». De hecho, hay que transformar este impacto común en una oportunidad, ya que, a menudo, en los momentos más difíciles es cuando se vuelve posible dar pasos de gigante.

La situación es diferente a la de 2011. En esa época, Angela Merkel había alcanzado el clímax de su influencia en la Unión, frente a países víctimas de sus propios errores. En realidad, la situación es exactamente la contraria. Se trata de un peligro exterior que no solo conlleva desafíos presupuestarios y económicos. Es precisamente este peligro el que permite el «cara a cara» entre una cancillera alemana al final de su reinado y países que finalmente osan mirarle a los ojos. Además de la irritación del primer ministro portugués, se empiezan a oír las voces que denuncian este egoísmo a través de la Unión, como la del presidente de la República italiana, Sergio Mattarella, que ruega a los gobiernos europeos a que superen los «viejos esquemas».

Todavía es más impactante la declaración del antiguo vicecanciller del SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania), Sigmar Gabriel, que tilda de «vergonzoso» el comportamiento de su país natal. Más allá de las figuras políticas, el propio presidente de la banca central neerlandesa, Klaas Knot, se opone a Mark Rutte y exige más solidaridad, «en forma de coronabonos o a través del MEDE.»

Si no se consigue impedir una enésima esclerosis europea, el riesgo está en desencadenar una tercera crisis en la Unión Europea; las crisis sanitaria y económica recientes se verían agravadas por la llegada de una crisis política. El comportamiento germano-neerlandés, detrás del cual encontramos a otros países como Austria o Suecia, podría representar el golpe de gracia para la Unión Europea, que, aparte de ser económica, cada vez será más política.

Ya es hora de cambiar de punto de referencia global. Hay que encontrar en esta crisis la oportunidad de transformar una Unión económica en una Unión política basada en la solidaridad. La introducción de los coronabonos podría representar el primer paso hacia dicha transformación.

¿Qué pensará la sociedad cuando se acabe con esta pandemia, cuando se de cuenta de que sus dirigentes se han despedazado de nuevo por una cuestión de dinero, en un momento en el que lo más importante era salvar vidas?

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